El día domingo 17 de mayo a las 18 hs se realizará en la 1er Feria del libro del Movimiento de Trabajadoras y Trabajadores, una mesa que compartirá tres perspectivas, tres visiones, tres investigaciones sobre la historia de la Asociación de Trabajadores del Estado
Silvia León, Secretaria de Organización del Consejo Directivo Nacional de ATE, presentará su trabajo de investigación La participación de las mujeres en una organización sindical: Asociación Trabajadores del Estado
Daniel Parcero, periodista y escritor revisionista de la Izquierda Nacional, expondrá el 4to tomo de la historia de ATE (de “los libertadores” a la dictadura de los monopolios).
Marcelo Paredes, periodista e investigador, presentará Un Cauce, Orígenes de Anusate
Compartimos contenidos introductorios a cada uno de los trabajos para nutrir el intercambio
La participación de las mujeres en una organización sindical: Asociación Trabajadores del Estado
RESUMEN
No cabe duda sobre la notable presencia de las mujeres en la vida social, política, sindical y cultural en nuestro país, así como en toda Latinoamérica. Sin embargo, la participación de las mujeres en cargos de representación en nuestro estudio, los sindicatos, así como su lugar en los ámbitos formales de toma de decisiones, no guardan aún relación proporcional con las afiliadas a la organización, ni con su crecimiento en el campo laboral, como tampoco con la presencia real de las mismas en las luchas por los derechos de las/os trabajadoras/es y en los diferentes ámbitos de la vida sindical y política. Al cumplirse 10 años de la implementación de la Ley de Cupo Sindical Femenino, creemos importante analizar qué impacto produjo en el camino de la lucha hacia la igualdad de representación, así como en avances efectivos hacia una mayor equidad de género. Los sindicatos como institución, reproducen las relaciones de poder y las relaciones jerarquizadas entre los sexos predominantes en la sociedad, transmitida e internalizada tanto en varones como en mujeres a través de la educación y las pautas culturales. En esta tesis, a través de un estudio cuali-cuantitativo que transita parte de la historia de la Asociación de Trabajadores del Estado, se analiza cómo se expresan esas relaciones de poder entre los sexos a través de la conformación de las representaciones formales del sindicato, los lugares ocupados por varones y mujeres, entre otras. Entendemos que, la participación de las mujeres tiene que ser tomada como parte del imprescindible proceso de democratización de las organizaciones de clase. Como lo señala Varela (2005) “La desigualdad de los sexos en la representación cuestiona los fundamentos de la democracia representativa, la paridad debería contribuir a refundar un sistema democrático que es todavía deficiente, ya que no ha podido integrar a la mitad de los ciudadanos, es decir, las ciudadanas” (p.194).
4º tomo de la Historia de los Trabajadores del Estado (de “los libertadores” a la dictadura de los monopolios).
“En la obra se abarca el período que arranca con la intervención de ATE, a partir del golpe gorila de 1955 hasta junio de 1966 con la llegada del onganiato. Años por los que los trabajadores estatales atraviesan una prolongada etapa de inestabilidad institucional, debilitamiento y desarticulación de su estructura orgánica. No obstante es para poner en relieve el surgimiento en primeros planos seccionales de destacados y valiosos cuadros dirigenciales que honraron a la organización con su resistencia militante y combatividad sin tregua.
En éste nuevo volumen de la pormenorizada tarea investigativa, surgen recuperadas páginas “de la historia perdida” dignas de reivindicación y divulgación. Entre ellas el comienzo, y gran parte de la lucha llevada adelante por el secretario general de la seccional La Plata, Haroldo Logiurato -ex preso CONINTES-, abatido en un enfrentamiento con un grupo de tareas quien permanece en condición de DD”
Un cauce – Orígenes de ANUSATE
Presentación
Un año y medio después del golpe y el desplazamiento del legítimo gobierno de María Estela Martínez de Perón, la dictadura profundizaba la persecución contra el movimiento obrero y ubicaba a sus aliados en los distintos gremios. También en la Asociación de Trabajadores del Estado.
Sin embargo, en medio de esa profunda mazmorra que construyeron las fuerzas armadas y de seguridad, títeres macabros de los verdaderos titiriteros del poder económico, la lucha surgió como sinónimo de resistencia. El pueblo argentino sabe del valor de la resistencia que, según los estudiosos de las palabras, significa tenerse, afirmarse en algo. Un grupo de veteranos dirigentes y jóvenes delegados de ATE, en ese contexto de cacería humana, decidieron recuperar el gremio y poner de pie un proyecto de futuro. Una verdadera locura. Tuvo una sigla y un color como identidad: ANUSATE, Agrupación Nacional de Unidad y Solidaridad de ATE y el verde, sinónimo de la esperanza según la sabiduría popular. Era un desafío abierto: de la resistencia, de la sobrevivencia a la esperanza. Porque si resistencia significa tenerse de algo, estos trabajadores se aferraron a los principios de la organización sindical. “La tarde del 15 de junio de 1925 en el ya mítico Teatro Verdi de la Boca, más de un centenar de herreros, carpinteros, mecánicos, torneros, peones de patio y fundición, electricistas, albañiles, marineros y foguistas de las dragas se juntaron para crear una organización que defendiera sus intereses. Un compañero llamado Álvarez se paró y propuso un nombre: Asociación de Trabajadores del Estado. Así nacía la ATE, con nueve compañeros responsables de la organización y el impulso de los obreros de los talleres de la Dirección Nacional de Navegación y Puertos en el Riachuelo y la zona portuaria. Siete años después eran miles de afiliados y una organización que se nacionalizaba. Se habían concretado los sueños y las esperanzas de “Los pioneros”. Los tímidos comienzos, la incorporación de seccionales, la búsqueda del vínculo legal con el Estado, sus primeras luchas y aprendizajes”, contaron Daniel Parcero y Osvaldo Calello en su libro Historia de ATE. Los pioneros, sus luchas, sus esperanzas. (1925-1932). Aquel origen servía de identidad. Memoria y principios, origen y destino. Los militantes que decidieron aferrarse a aquel mítico origen sabían que la pelea sería muchísimo más difícil. La vida misma estaba en juego. En cada esquina, en cada minuto. No es casualidad que la memoria oral y algunos papeles salvados de distintos fuegos alimenten estas crónicas. No hay libros de actas desde finales de los años 50 en adelante, tras la “fusiladora” que terminó con el segundo gobierno de Juan Domingo Perón. Pero esos muchachos que decidieron recurrir a los referentes más grandes y que seguían intransigentes ante la seducción del colaboracionismo de los desaparecedores de trabajadores, eran hijos del ’69. Hijos e hijas de los cordobazos, los rosariazos, los tucumanazos, los correntinazos y los mendozazos. Una generación joven que había descubierto la palabra revolución como sinónimo de sus propias existencias. El socialismo aparecía como algo posible.
Hasta el Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo había proclamado, tal como lo hicieron los 18 obispos del sur del planeta el 15 de agosto de 1967, que cristianismo era sinónimo de socialismo. La dictadura que comenzó con el general Juan Carlos Onganía, la de los bastones largos, la intervención del poder judicial, la tortura, la subordinación a las multinacionales, la prohibición de la minifalda y el pelo largo, la que había proclamado la pomposa “revolución argentina”, moría como consecuencia de aquellas movilizaciones que juntaban distintas generaciones y unían a obreros y estudiantes en las calles y otros tantos lugares. Llegaron otros presidentes de facto como Marcelo Levingston y Alejandro Lannuse y la necesaria convocatoria a elecciones. El triunfo de Héctor Cámpora del 11 de marzo de 1973 era la victoria de un proyecto de liberación nacional y social que profundizaba los caminos iniciados por el peronismo derrocado dieciocho años atrás. Duró 49 días. No solamente estaban los sueños, sino también las pesadillas. La muerte del viejo y querido General Perón del primero de julio de 1974 anunciaba el principio de la noche. El rodrigazo de junio de 1975, el ajuste llevado adelante por Celestino Rodríguez, ministro de Economía de Isabel, convocó a miles de trabajadores a las principales plazas de las grandes ciudades. Hasta José López Rega, el poderoso ministro de Bienestar Social tuvo que renunciar y fugarse. Hasta allí llegó la marea popular. El poder económico tomó nota de la capacidad de movilización. El 24 de marzo de 1976, entonces, una nueva camarilla militar se hizo cargo del genocidio. Aquellos representantes de los afiliados de ATE supieron que había llegado el momento de sobrevivir. En diciembre de 1977, en plena ferocidad de la noche carnívora, decidieron iniciar el camino que va de la resistencia a la esperanza. Empezaba la crónica colectiva de la recuperación de la Asociación de Trabajadores del Estado. Fue la luminosa experiencia de ANUSATE. La Agrupación Nacional de Unidad y Solidaridad de la Asociación de Trabajadores del Estado, el nombre de un sueño. Una sigla que intentaba construir un puente entre la resistencia y la esperanza de cambio dentro de un gremio fundado en la mitad de la década del veinte del siglo pasado. Cada una de esas palabras tiene un origen, una historia que merece conocerse a la hora de pensar su desarrollo. Las palabras son portadoras de algo más que su significado. Los seres humanos son, en definitiva, el río de palabras que los navegan por dentro. Y algunas de esas palabras los hacen ser lo que son, los hacen creer en determinados valores y rechazar otros.
Las palabras sintetizan los proyectos y los miedos. La identidad, aquello que hace ser las cosas, las personas y los grupos que se definen a través de los vocablos pronunciados hace tiempo. El viaje del sentido que incluye cada palabra es un camino que despierta ecos en el presente y muestra luces que destacan el inicio de aquella primera vez que fue pronunciada. Agrupación deriva de grupo, “pluralidad de seres o cosas que forman un conjunto”, dice el diccionario etimológico de Joan Corominas. Nacional, en tanto, deriva de nacer, término latino que llegó al castellano en la segunda mitad del siglo X. La palabra unidad, en tanto, apareció en el idioma castellano en el año 1250 y provenía del latín unus, uno solo, único. Solidaridad es consecuencia de solícito, una palabra surgida entre 1220 y 1250, tomado también del latín solicitus que comprendía al entero (solius) y al movido (citus), en una equivalencia de “poner en movimiento”. Es decir que ANUSATE es una idea, un proyecto de una pluralidad de seres que busca nacer y ponerse en movimiento para construir algo entero y que sea sólido para cada uno de sus componentes. En ese viaje del significado de las palabras se perfila un parto. Lo nacional no solamente es una referencia geográfica sino también un deseo de hacer nacer algo único que promueva fortaleza a sus integrantes. ANUSATE fue algo más que una sigla, fue una osada declaración de futuro. Era hora de parir algo nuevo, de hacer nacer un espacio que diera vitalidad a algo unitario y múltiple. No era sencillo. Eran tiempos de muerte desbocada. Sin embargo, ANUSATE declaraba su rebeldía original: buscaba parir, necesitaba hacer nacer en medio del terrorismo de Estado. Ese fue el desafío que arrastraba el misterio cifrado en cada uno de sus vocablos, que estaba oculto en la sigla. Esa es la historia de la pluralidad de seres que se animaban a protagonizar su tiempo a pesar de los pesares, los riesgos inimaginables y los horrores que por aquellos días se multiplicaban. De esos fuegos hablan los renglones que siguen. Carlos del Frade
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